Cinco eran los pueblos que protegían la Tierra Conocida, y cinco fueron los pueblos que entraron en el juego. Norte, Sur, Este y Oeste, más la Capital Iluminada, no paraban de masacrarse entre ellos. Esto duró por unas décadas, hasta que vieron que una larga y oscura sombra se cernía sobre los Muros Blancos. Antaño, estos habían protegido a la Tierra Conocida de los seres que habitaban más allá de los Muros. A cada ciudad de cada punto cardinal, se le entregó el honor de nombrar a una persona Protector. Esa persona, tendría el derecho de reclamar el trono de dicha ciudad cada vez que hiciese falta para proteger los Muros.
Hacían más de dos siglos desde que los Oscuros atacaron, y por eso se cree que bajaron la guardia. Gran error, el último que llegaron a cometer. Los Oscuros irrumpieron en el Muro sin problema, y lo demolieron como si fuese de paja, y no de piedra maciza. En cuestión de días, las ciudades del Norte cayeron, y con ellas, el Protector del Norte. Este y Oeste, dejaron sus enemistades a un lado, y se prepararon para repeler el ataque, pues nadie sabía cual sería el próximo objetivo del mal.
Fue al amanecer del día siguiente cuando el cuerno del Este sonó, y la luz del día se vio sepultada por un millar de flechas, que atravesaban todo lo que se interponía entre ellas y el Protector del Este. Aguantaron horas y horas, pero el mal ya estaba allí. Eran muchos más de lo que creían. Las puertas cedieron, y la capital del Este se sumió en la oscuridad. Protector vio a su gente sumida en la más absoluta oscuridad, pero el irrumpió en ella y la iluminó.
Entonces, le vio. Al Señor Oscuro. No lo imaginaba así. Cargó contra él sin pensar por su vida, pero se frenó en seco. Aquel ser le controlaba, no podía moverse. Ni su boca podía intentar hacer muecas. Él manejaba su cuerpo a su parecer, y le condujo al centro de la ciudad, donde estaba el mayor número de civiles refugiados por el asedio.
Metido en su cuerpo, hizo que asesinara a todos y cada uno de niños, mujeres, y ancianos que se hallaban allí. Después, le devolvió su cuerpo, y se marchó con todos sus súbditos. El silencio ahora era aún más palpable que la propia oscuridad. Protector no respondía. Arrodillado ante un río de sangre y miembros amputados, miraba al vacío de su mente y allí mismo la luz de su interior apagó los resquicios de oscuridad.
Se levantó y a paso firme, corrió tras el rastro del Señor Oscuro, que se dirigía a la Capital Iluminada, por los rastros de muerte que iba sembrando. Todo encajaba.
En mitad de la noche, lo volvió a ver. De entre el silencioso bosque, una silueta en un claro de luz, se hallaba observando el paisaje forestal. Protector, ensangrentado y jadeando, lo admiró. No tenía palabras que dedicarle. Los insultos, eran inútiles. Sacó su iluminada espada, Calixto, y la blandió contra él.
Él se volvió, y con una mirada, hizo que soltara la espada.
- "¿Por qué me haces esto?"
No hubo respuesta. Él, lentamente se acercaba a Protector mientras el manto de sombras del que estaba hecho empezaba a desintegrarse. Al estar a pocos metros de Protector, su verdadera forma se dio a conocer. Fue lo último que el Aliado del Este vio, ya que una blanca mano se posó sobre su rostro y su corazón dejó de latir. De un destello, Él desapareció, y en el claro del oscuro bosque, Protector yacía.